lunes, 3 de noviembre de 2014

La Vida Monacal en el Monte Athos...‏




Antes de abordar el estudio del Monacato Bizantino, es conveniente destacar, sobre todo para nuestros lectores de origen occidental, que dentro de las Iglesias Ortodoxas, ya sean de origen helénico o eslavo, no existen instituciones monásticas o religiosas equivalentes a las Órdenes o Congregaciones tan importantes en el Mundo Occidental. En la mentalidad de aquellos hombres y mujeres que abrazan la vida monástica en el seno de la Iglesia Ortodoxa, no se consideran más que como miembros de una gran Hermandad de ascetas.
En los días del Monacato primigenio, no había grados intermedios entre el postulante y el monje profeso; la institución de dos grados de ascetismo anteriores al de “Plenamente Monje” cambió paulatinamente con el correr de los siglos el carácter de la Profesión monástica dentro de las Iglesias Ortodoxas, convirtiendo a esa simple acción de los comienzos, en una acción progresiva.
En la actualidad, así como en los últimos siglos, el monje que avanza hacia el grado superior de la vida monástica lo hace, generalmente, avanzando grado por grado, hasta alcanzar el tercer nivel y convertirse en “Plenamente Monje” o perfecto monje al cabo de varios años. Los grados del monacato ortodoxo-bizantino son tres: A- Rasoforo, B- Stavroforo y C- Megaloskemos (o skema monje/a)
Los antiguos ritos de profesión fueron modificándose poco a poco como consecuencia directa del carácter progresivo que fue adquiriendo con los siglos la Profesión monástica. Hay tres partes esenciales dentro del Rito: A- la toma formal de los Votos, B- la realización de la Tonsura monástica y C- la entrega del Hábito; sin embargo ninguno de los tres actos mencionados formaron parte de la esencia del monacato de los primeros siglos.
En la Iglesia Ortodoxa, si bien los Votos son formales y explícitos, no existe una fórmula escrita de profesión a ser subscripta por el candidato a la admisión dentro de algunos de los tres grados del monacato. La fórmula de profesión escrita es peculiar de Occidente, y data de los tiempos de San Benito. -Regula, Cap. 58 -.
Los Votos, los cuales en total son cuatro: 1- Estabilidad, 2- Obediencia, 3- Pobreza y 4- Castidad; son tomados al candidato a través de preguntas realizadas por el Higúmeno; las repuestas a dichas preguntas constituyen en sí mismos los Votos del monje. Este cuestionario es realizado antes de la admisión a los grados intermedios del monacato.
El hombre o mujer que se presenta para ser admitido formalmente dentro del grado inferior de la vida monástica, debe en modo general aunque no invariablemente, declarar su firme determinación a perseverar en la vida de ascetismo ante el Higúmeno, sin embargo esta costumbre varía entre los distintos monasterios.
En lo que refiere a la Tonsura, en vez de ser conferida ceremonialmente como en los primeros días del monacato cenobítico, es actualmente realizada con la admisión a cualquiera de los tres grados del monacato bizantino.
El hábito monástico, consta de distintas partes, y solo pueden usar la totalidad del hábito los monjes o monjas del más alto rango, sin embargo, algunas partes de ese hábito son portadas por aquellos de menor jerarquía. Es evidente que a medida que un monje o monja vaya ascendiendo en los grados de la vida monástica, va a usar más partes del hábito completo. Es de destacar que muy pocos monjes llegan a alcanzar el hábito completo, ya que para ser merecedor de portarlo deberá atravesar muchos años de dura ascesis.
Una de los detalles que a menudo llaman la atención de los occidentales, es que en el monacato oriental no hay diferencia entre el hábito del monje y el de la monja, con la excepción evidente de la toca de la monja. Por tal razón monjes y monjas usan la totalidad o partes de un mismo hábito monástico.
En cuanto al término de prueba que es requerido para ser admitido dentro del grado intermedio o más alto del monacato, es de cómo mínimo tres años; y es de destacar que dentro de la vida monástica ortodoxa-bizantina no existe nada equivalente al noviciado de las Órdenes o Congregaciones Religiosas occidentales. El postulantado comúnmente dura unos pocos días o semanas y durante ese período el candidato vive junto a los monjes hasta que finalmente es admitido en el grado inferior del monacato.
Un monje que ha pasado tres años de su vida dentro de la primera escala de la vida monástica tiene la opción de permanecer dentro de aquel grado por el resto de su vida, o por el contrario, seguir avanzando hacia la plenitud de su estado monástico.
Dentro del seno de las Iglesias Ortodoxas Bizantinas coexisten variados tipos e ideales monásticos, por tal razón constituye un error frecuente considerar que los monjes ortodoxos son exclusivamente de ideal “basiliano”, por este motivo y para echar algo de luz sobre este tema es que intentaremos hacer un breve paneo sobre las variadas formas del monacato bizantino.
En el Monte Athos conviven desde hace varios siglos cuatro tipos distintos de monacato, cada uno con su diferente ideal ascético y que enumeraremos a continuación:
1- Monacato Eremítico
2- Monacato Semi-eremítico
3- Monacato Cenobítico
4- Monacato Idiorritmico
1- Monacato Eremítico. El monje eremita es comúnmente llamado dentro de la ortodoxia “hesicasta” (del griego: quien vive en quietud). Su prototipo más acabado es San Pablo de Tebas, monje del siglo III, o San Antonio, quién durante 20 años de su vida (285-305) vivió en la mas completa soledad, sumido en una rigurosa vida de oración y ascetismo. El monje del tipo primitivo, cuya celda es “su Monasterio” (del griego: morada permanente), aún habita las escarpadas laderas del Monte Athos. Es sin embargo curioso saber que si bien éste es el tipo de monacato más antiguo (originado en el sur de Egipto en el siglo III), fue con todo, el último en hacer su aparición en la península del Athos, ya que recién hizo su aparición hacia finales del siglo XIV, cuando ya este género de vida había experimentado una cierta decadencia a causa de su progresiva laxitud dentro del monacato oriental.
2- Monacato Semi-Eremítico. El prototipo del moje semi-eremita es sin lugar a dudas San Antonio, el cual instituyó formalmente el monacato, motivo por el cual es llamado “Padre de los Monjes”. San Antonio se convirtió en el primer Higúmeno de una pequeña colonia de ermitaños, los cuales se congregaron en torno a él. Poniendo de este modo fin a sus años de soledad. Si bien estos monjes vivieron juntos no podemos hablar todavía de “vida en común”, puesto que cada monje continuaba practicando el ascetismo de acuerdo a su propia voluntad bajo la supervisión del Higúmeno. En aquellos días aún no existían los votos formales.
El mas espectacular desarrollo del monacato de corte “antoniano” o semi-eremítico tuvo lugar en el desierto de Nitria en el siglo IV, dónde un gran número de monjes (del cual el primer fue Amoun) vivieron una vida semi-eremítica en la Skita (del griego: lugar de ascetismo) o Lavra (del griego: senda). Es de notar que la antigua palabra “Lavra” en su primitiva acepción denominaba a una gran Skita (semi-eremitas), sin embargo en la actualidad este término se usa para hacer referencia a un gran monasterio, sin importar a que género de vida monástica albergue en su interior.
3- Monacato Cenobítico. El prototipo por excelencia del Monje Cenobita es San Pacomio. El primer Cenobio (del griego: vida en común) fue fundado por San Pacomio en el Sur de Egipto, alrededor del los años 315 al 320. San Basilio (329-379), quién sentía cierto rechazo por la vida eremítica y la austeridad desmedida de los monjes egipcios, decidió estudiar las tres formas de monacato existentes en su época, finalmente se inclinó por el ideal cenobítico de San Pacomio, no sin antes realizarle algunas modificaciones. El monacato de corte “basiliano” tuvo desde sus orígenes un carácter absolutamente cenobítico, avanzando mucho mas allá de lo establecido por el propio San Pacomio, puesto que en el sistema “pacomiano” los monjes residían en diferentes casas, sin contar con un recinto monástico, también comían por separado y solo se reunían en la iglesia para los grandes servicios.
San Teodoro el Studita. (s.VIII) El ideal basiliano fue modificado por San Teodoro el Studita hacia finales del siglo VIII, y es este tipo de monacato el que precisamente prevalece dentro del Monte Athos así como también dentro del seno de las Iglesias Ortodoxas, ya sean de origen helénico o eslavo; sin embargo la forma más primitiva del monacato (el de corte “antoniano”) aún se conserva dentro de las Iglesias Bizantinas. Cabe aclarar que si bien desde los tiempos de San Teodoro, el monacato helénico y eslavo ha experimentado pocos cambios, el trabajo duro y las tareas de caridad fueron desapareciendo paulatinamente de la vida monástica, no así en cambio el trabajo intelectual. Debemos mencionar que en la actualidad, en especial dentro de las Iglesias Ortodoxas eslavas, hay una mayor inclinación por parte de algunos monasterios hacia algunas actividades de tipo social.
La unión de la vida eremítica o semi-eremítica con la cenobítica bajo una misma regla y un mismo Higúmeno (lo cual constituye hasta la actualidad un rasgo distintivo del monacato bizantino), se debió en primera instancia a San Gerásimo, el cual fue Higúmeno de una Skita situada en las márgenes del río Jordán, a poca distancia de Jericó. Su Cenobium fue una suerte de escuela de entrenamiento para anacoretas (del Gr. “retirados del mundo”), en aquel lugar vivieron un mínimo de setenta monjes bajo su regla, los cuales debían permanecer dos días en la semana en el Cenobium, y los cinco días restantes en la reclusión y silencio propias de la vida eremítica. En el Cenobium también residían los aspirantes a la vida monástica y los monjes de poca experiencia. La co-existencia de monjes eremitas y cenobitas bajo una misma regla y un mismo higúmeno en el Monte Athos, puede rastrearse hasta los días de San Atanasios el Lavriota (Siglo X), el cual fundó en el año 964 o 968 la “Gran Lavra”, dónde aún reposan sus reliquias.
San Atanasios el Lavriota. (Siglo X) Así como lo hizo San Gerásimo en el siglo V, San Atanasios el Lavriota, no permitió a sus monjes retirarse a una vida de soledad sin antes someterse a un entrenamiento espiritual y ascético dentro del marco del Cenobium. Nadie estaba autorizado a abrazar la vida eremítica sin haber pasado por la experiencia de vida cenobítica. San Atanasios el Lavriota trazó su ideal monástico a partir de las experiencias de sus predecesores en la vida monástica, sobre todo de San Teodoro el Studita, sin embargo él dio a su regla una forma original, la cual fue en general adoptada en el Monte Athos y desde allí se esparciría a todo el monacato bizantino, ya sea de origen helénico o eslavo. San Atanasios fue nombrado Protos o Superior de los cincuenta y ocho cenobios que existían en aquel momento sobre la península del Monte Athos. San Teodoro concluyó el ideal basiliano de la “vida en común” sin hacer distinción para los monjes de ideales eremíticos o semi-eremíticos, sin embargo cuando San Atanasios el Lavriota llegó al Monte Athos, encontró que los ideales del monacato “antoniano” eran los predominantes en la Santa Montaña, los cuales retenían en sí ambas formas de vida monástica: la eremítica o semi-eremítica junto a la cenobítica, siguiendo el ejemplo de San Gerásimos. Cómo bien podemos ver, es así que sucedió que los ideales monásticos de cuño netamente “antoniano” que tanto rechazó San Basilio, así como los ideales “pacomianos” en sus versiones introducidas por el propio San Basilio y más tarde por San Teodoro el Studita; gozan hoy en día de igual estima dentro del gran movimiento monástico ortodoxo bizantino. Es importante destacar, sobre todo para nuestros lectores occidentales, que los monjes ortodoxos no siguieron con exclusividad las llamadas reglas de San Basilio; y aquellos monjes que sí la siguieron no se autodenominan “monjes basilianos”, sino que se consideran simplemente monjes, a diferencia de los seguidores de la regla de San Benito en Occidente, los cuales se diferencian claramente del resto del monacato occidental, autodenominándose como “monjes benedictinos”.
4- Monacato Idiorrítmico. Un hasta el momento, desconocido tipo de vida monástica apareció en el Monte Athos alrededor del año 1374, durante una época en el que el monacato bizantino experimentaba, en general, un período de laxitud ascética. Este nuevo fenómeno monástico sería conocido bajo el nombre de “monacato idiorrítmico”. El origen de este singular movimiento monástico se debió a una facción que se formó entre los monjes del Monte Athos, los cuales no estaban muy dispuestos a someterse a la prohibición del derecho a la propiedad. Los monjes idiorrítmicos, ya sea en forma individual, o formando sociedad con otro monje adquirían propiedades, tomando posesión de ellas por lo cual se convirtieron en propietarios, estos bienes les servían para sustentar su vida independientemente de la Comunidad, asimismo dichas propiedades podían ser legadas a otro monje y como consecuencia lógica de este régimen los monjes comenzaron a independizarse del Higúmeno y a desafiar su autoridad. Una de las principales consecuencias de estos cambios fue que la antigua constitución monárquica del Soberano Monasterio abrió paso a una constitución de corte oligárquico.
La persona y oficio del Higúmeno sobrevivió tan solo por un tiempo, pero no sería por mucho, ya que la otrora figura del Higúmeno, quien de acuerdo a la tradición retenía su oficio de por vida, dejó de ser electo en las Comunidades Idiorrítmicas, reemplazándolo por un Concilio de Monjes que asumía el verdadero control del Monasterio y nombraba a un Superior (o cabeza) cuyo poder era más nominal que real y que se mantenía en su puesto por solo un año, a diferencia del antiguo Higúmeno que era vitalicio. El título de Kategúmenos, es el otorgado al Superior nominal de un Monasterio Idiorrítmico.
Finalmente dichos Monasterios consiguieron que los Monasterios Cenobíticos asintieran reconocer aquel tipo de constitución y género de vida, evitando de este modo que los Monasterios Idiorrítmicos quedaran privados de participar en la Junta de Gobierno del Monte Athos. Esta es en pocas líneas la historia de la evolución de la idiorrítmia, la cual se esparciría, con los años, desde el Monte Athos a todo el mundo ortodoxo y cuyos efectos se sentirían en mayor o menor medida sobre la totalidad del Monacato Bizantino.
La idiorrítmia a diferencia de lo que aseguran algunos autores, no es una forma laxa del monacato “antoniano” (eremítico o semi-eremítico), sino que es exactamente lo contrario, una forma laxa del monacato “cenobítico”.
La Gran Lavra del Monte Athos fue fundada por San Atanasios (el Lavriota) en el siglo X como un Cenobium, en el siglo XII se convirtió en un Monasterio Idiorrítmico, para luego, en el año 1574 convertirse otra vez en un Cenobium, pero en el siglo XVII una vez más se volvió Idiorrítmico, hasta que finalmente durante el siglo XX tornó al ideal cenobítico, en el cual se haya anclado hasta nuestros días. Casi todos los grandes y antiguos Monasterios tuvieron por lo menos un período idiorrítmico, de los cuales algunos jamás se recuperaron.
Actualmente, en el Monte Athos, el género de vida idiorrítmico es desalentado, puesto a que los Monasterios idiorrítmicos son autorizados a abrazar la vida cenobítica, pero en cambio le está terminantemente prohibido a un Monasterio Cenobítico abrazar los ideales idiorrítmicos.
Las Skitas Idiorrítmicas fueron instituidas en el siglo XVI, y la mayor parte de ellas floreció durante el período idiorrítmico de mayor expansión, sin embargo ellas diferían ampliamente de las skitas de tipo “antoniano” de los primeros días del monacato.
Si bien existen 4 tipos de monjes bien definidos habitando en las escarpadas laderas del Monte Athos, también podemos hacer otra diferente clasificación según los distintos tipos de Instituciones Monásticas, y sus distintos modos de organizar ediliciamente las residencias para sus monjes; lo cual nos obliga a hacer una nueva clasificación monástica, pero que a diferencia de la anterior no es realizada por su estilo de vida, sino mas bien por los 6 tipos diferentes de residencias en el que se albergan. La vida de los monjes dentro de cada una de ellas es gobernada de acuerdo con las reglas y demás regulaciones propias de aquellos lugares, en los cuales como ya hemos visto, se organizan las Instituciones Monásticas.
Un monje athonita puede ser clasificado (según términos griegos) en las siguientes categorías según su lugar de residencia:
1- Si reside en un Monasterio, se trata de un monje Monacal.
2- Si reside en una Skita, se trata de un monje Skitiota.
3- Si reside en una Celda, se trata de un monje Kelliota o Celliota.
4- Si reside en una Kalyva, (cabaña) se trata de un monje Kalyviota.
5- Si reside en una Katisma, (choza) se trata de un monje Katismatarios.
6- Si reside en un Hesicasterión, (ermita) se trata de un monje Hesicasta.
1- El Monasterio es una Institución Soberana, cuya fundación se basa sobre un decreto Patriarcal o Imperial, y cuya forma de gobierno está definida por las regulaciones generales de la Santa Montaña, por las cuales se rigen todas las Instituciones Monásticas del Monte Athos.
Hay 2 tipos de Monasterios:
A -El Cenobium, o Monasterio de Vida en Común
B- Monasterio de Vida Idiorrítmica
A- En el Cenobium, los hermanos tienen todas las cosas en común. El Higúmeno es elegido por medio de una votación general en la que participan todos los monjes, y su oficio es vitalicio. El gobierno del Cenobium es en cierto modo monárquico, pero no se trata de una monarquía absolutista, puesto que su poder es restringido por la “Gerontia”, o cuerpo de gerontes (ancianos) que rodean al Higúmeno.
B- En el Monasterio Idiorrítmico, el voto de pobreza está más relativizado, por lo que los monjes reciben una remuneración por su labor. Cada monje recibe de su monasterio: combustible, vino, legumbres, queso y una pequeña suma de dinero. Cualquier otra cosa por fuera de esto o gasto que haga el monje, deberá costeárselo por si mismo. Los monjes idiorrítmicos se reúnen únicamente para el rezo del Oficio Divino y para las cenas en los días de grandes fiestas. Por otra parte cada monje organiza su vida según sus propios criterios, pero pese a ello sus vidas no dejan de ser bastante simples, pobres y edificantes. Los asuntos del Monasterio son conducidos por el “Concilio de Superiores”. El gobierno de los Monasterios Idiorrítmicos es de carácter oligárquico.
La península del Monte Athos es gobernada por 20 Monasterios Soberanos, de los cuales la mayor parte son del tipo cenobítico y una minoría del tipo idiorrítmico. Estos Monasterios son centros autónomos de varias Instituciones Monásticas que asociadas conforman un grupo. Los 20 Monasterios componen unidos, y con iguales privilegios, la “Confederación Monástica de la Santa Montaña”, en la cual cada Monasterio envía un delegado junto a un asistente del delegado a la Karyaes, en el medio de la península. Los 20 delegados son a su vez divididos en 5 grupos, y cada grupo toma a su turno la presidencia sobre todas las Colonias. Ellos obviamente no tienen autoridad sobre el orden interno de cada Lavra, sino que tienen la autoridad para juzgar en los casos de disputas internas que se puedan suscitar dentro del Monte Athos además de representar a todas las Comunidades en lo referente a los asuntos exteriores, es decir básicamente, frente al Estado Griego y al Phanar.
Cada uno de estos 20 Monasterios o Lavras son denominados como Stavropegion, es decir, Instituciones que están bajo jurisdicción inmediata del Patriarca de Constantinopla, y eximidos de la jurisdicción ordinaria del Obispo del lugar, como muestra de esta situación especial en estos Monasterios se halla plantada la “Cruz Patriarcal” como signo de su sujeción al Patriarcado Ecuménico. Con la excepción del Monasterio de Stavroniketa (fundado en 1542), todos ellos son de institución imperial, es decir fundados bajo la autorización de un Emperador Bizantino.
No hay restricciones en cuanto al número de monjes que pueden pertenecer a un Monasterio, pero sí lo hay para las demás Instituciones Monásticas dependientes de un Monasterio Soberano.
La Iglesia de un Monasterio es llamada Katolikon, porque es la iglesia donde todos los Hermanos oran. Las capillas son numerosas.
2- La Skita moderna es una pequeña villa monástica plantada sobre el terreno de un Monasterio Soberano y es instituida por medio de un decreto legal promulgado por el Monasterio y con la aprobación de los 20 representantes de los Monasterios del Monte Athos conjuntamente con la autorización especial del Patriarca de Constantinopla a través de un documento que lleva su sello. Todos los monjes del Athos, sin importar su nacionalidad o jurisdicción de origen, están bajo la autoridad del Patriarca Ecuménico.
La Skita posee su propio gobierno interno, pero bajo la dependencia del Monasterio Soberano al que está ligado; este gobierno es conducido por medio de regulaciones bien definidas, como por ejemplo la que establece una restricción en el número máximo de monjes que pueden pertenecer a una skita.
Las Skitas, así como otro tipo de Instituciones Monásticas dependientes de un Monasterio Soberano pueden ser construidas dentro de las tierras del Monasterio o fuera de ellas. Los monjes pueden pasar de una Institución Monástica a otra, pero requiere el premiso especial del Higúmeno debido a los votos de: “Estabilidad” y “Obediencia”
Los postulantes pueden solicitar tanto el ingreso a una Skita, como al propio Monasterio. Las Skitas pueden ser indistintamente Idiorrítmicas o Cenobíticas.
Skita perteneciente al Monasterio San Panteleimon
A- Skita Idiorrítmica. Está conformada por un conjunto de casas independientes llamadas “kalyvai” (del Gr. Cabañas) y en el medio de ellas se encuentra el “Kuriakon” o templo de la Skita. El término Kuriakon se utiliza, como ya dijimos, para designar a la iglesia de una Skita y es allí dónde se centra la vida litúrgica de la Comunidad, de acuerdo a las costumbres de las Skitas primitivas. Los monjes eremitas y semi-eremitas se reúnen allí para el Oficio los días Sábados y Domingos, además de los días de Fiestas importantes. Esta costumbre es típica de las Comunidades Idiorrítmicas. Junto a la capilla de la skita (Kuriakon) se encuentra la Hospedería, en la cual reside también el Dikaios (o superior de una Skita).
Cada Kalyva es habitada por tres monjes, de los cuales el de mayor rango es llamado “Geron” (del Gr. Anciano) y los restantes dos monjes están sujetos a él. Los Gerontes de todos los Kalyvai de la Skita, en virtud de su posición de autoridad como regentes en el Monasterio Soberano, se reúnen anualmente sin necesidad de citarse en el octavo día del mes de mayo para elegir al Dikaios de la Skita para el año siguiente, con la obvia aprobación del Monasterio Soberano.
Los monjes de las skitas Idiorrítmicas rezan sus Oficios diarios en sus cabañas, y se reúnen únicamente para la Divina Liturgia en el Kuriakon los Domingos y días de Fiestas importantes. En cada Kaliva hay una pequeña capilla, en la cual como dijimos los monjes que la habitan rezan sus Oficios diarios, pero allí no se celebra la Liturgia excepto el día del Santo Patrono/a al que está dedicado. Los monjes se mantienen a si mismos por los cultivos realizados en los terrenos de la Kalyva y por medio de otras labores manuales.
B- Skita Cenobítica. Este tipo de Skita lo es solo en un aspecto nominal. En los primeros días del Monacato hablar de una Skita Cenobítica podría sonar confuso e incluso contradictorio. La acepción moderna de este término apareció a raíz de una forma particular de Vida en Común la cual fue influenciada en cierto grado por la vida en las Skitas Idiorrítmicas. Los monjes de una Skita Cenobítica viven la Vida en Común tal como lo harían en un Cenobio, como por ejemplo comer todos juntos en el Refectorio de la Skita, rezar el Oficio Divino en común en el Kuriakon, dónde la Divina Liturgia se celebra los Domingos y en las Fiestas. Está regulado que la Liturgia diaria se celebra únicamente en el Monasterio y no en el Kuriakon de la Skita.
El Dikaios de la Skita Cenobítica, a diferencia del idiorrítmico, detenta su oficio de por vida, y es elegido por todos los monjes de la Skita, y no solamente por los “Gerontes”, de todos modos la elección debe ser confirmada por el Monasterio mayor
3- El Kellion o Celda. Es una Institución monástica de un solo edificio construido arquitectónicamente a la manera de una residencia campestre que contiene en su interior una pequeña Capilla, y al que también corresponde una porción de terreno. El Kellion es adquirido mediante un “contrato informal” del Monasterio Soberano con tres monjes, y esta casa es presidida por uno de los tres monjes, de acuerdo al siguiente orden: El Protos o “primer monje” cuyo nombre figura en el contrato realizado con el Monasterio, el cual se convierte en el “Geron” del Kellion, el cual nombra bajo su entera responsabilidad a otros dos monjes que serán sus co-arrendatarios. A la muerte del Protos, el segundo en orden a sucederlo toma su lugar y su oficio, el tercer monje toma el lugar vacante dejado por el entonces segundo monje. Con la designación del nuevo Protos, ahora convertido en Geron, un nuevo monje es nombrado para ocupar el lugar vacante del tercero. Los lineamientos de este nuevo arreglo deberán ser ratificado por el Monasterio después de que el monje promovido al oficio de Geron haya pagado al tesoro del Monasterio un gravamen de alrededor de un tercio del valor del Kellion. La herencia de un Geron fallecido, recién pasa a su sucesor luego de pagarse lo antes comentado; pero en caso de que la muerte suceda sin haber estipulado un sucesor legítimo, el Kellion junto con la totalidad de la herencia del Geron desaparecido vuelve al Monasterio Soberano. De acuerdo a la estricta letra de los contratos arrendatarios, cuya fórmula ha permanecido sin cambio alguno por más de tres siglos, no se permite bajo ningún concepto a ninguno de los tres monjes que vivan en un Kellion a contar con la ayuda de un sirviente, sin embargo, una extendida costumbre relacionada a la Kellia (con la excepción de los rusos) interpreta el hecho de otra manera, permitiéndoles a los monjes contar con la ayuda de uno a tres hermanos laicos, para asistir a los monjes en las tareas del Kellion. Desde la proclamación del Sigillum Patriarcal de 1909, y según otra Reglamentación General de la Santa Montaña dictada en 1911, se fijó el tope máximo de hasta seis personas por Kellion; de esta manera, esta Institución Monástica se convirtió de hecho en un pequeño Cenobio, aunque sin ninguna pretensión de proclamarse Monasterio. Los monjes kelliotas están obligados a mantenerse a si mismos con el producto de las tierras de su Kellion, y de sus labores manuales en pintura, tallas en madera, etc. Todos los monjes kelliotas se auto sustentan de este modo, con excepción de los rusos.
4- La Kaliva. El nombre de Kalivai designa a un grupo de cabañas separadas en una pequeña villa monástica, la cual constituye la Skita Idiorrítmica. La vida de los monjes en una Kaliva Idiorrítmica tiene una cierta semejanza con la de los monjes de un Kellion cenobítico. La Kaliva es arrendada por tres monjes de acuerdo a un orden regular de sucesión, tal como en el caso de los monjes del Kellion, pero sin el adicional complemento de los “asistentes”. Aunque las Kalivas la mayor parte de las veces están agrupadas dentro de una villa monástica llamada Skita, hay también kalivas bastante alejadas del resto e incluso muy alejadas del propio Monasterio. Una Kaliva de estas características de aislamiento, es asignada a un monje, o a incluso dos, la cual les servirá de morada por el resto de sus vidas, pero es importante mencionar que a diferencia del Kellion, aquí no existe orden de sucesión alguno. La vida en estas Kalivas distantes es semi-eremítica.
5- La Katisma. Se trata de una pequeña choza la cual es ocupada por un solo monje que lleva una vida eremítica. Para tomar posesión de ella, el monje antes debe pagar una suma de dinero ya especificada. El ermitaño o katismatario recibirá por el resto de su vida una ración de pan de su Monasterio.
6- El Hesicasterion . (del Gr. “lugar de retiro”) Se trata de una cueva en el desierto o excavada en un precipicio, geográficamente muy alejado del Monasterio, u otra Institución Monástica, y generalmente se haya en un lugar inaccesible. El monje que habita en un hesicasterion es un auténtico solitario o ermitaño, tal como lo eran los monjes del tipo “Antoniano” de los primeros siglos. Estos monjes no consienten siquiera cocinar sus alimentos, y son rara vez visible a los ojos de los hombres. Esta es la forma, sin lugar a dudas, más austera del monacato. Hay incluso monjes hesicastas que, como los solitarios del Monacato primitivo, no usan hábito alguno y ni siquiera algún tipo de vestimenta. Esta costumbre que nos llena de estupor hoy en día, llegando inclusive a hacer esbozar alguna sonrisa, no era tan inusual entre algunos de los primeros Padres del Desierto, los cuales usaban por toda vestimenta sus largos cabellos y sendas barbas que los cubrían casi por completo, tal como aparece en relatos del Vitae Patrum.
Estos monjes huyen de la mirada de los hombres y por tal razón solo abandonan sus cuevas o celdas por las noches. Aquellos monjes quienes, con permiso del Higúmeno, dejan sus Monasterios para convertirse en hesicastas, no pueden volver otra vez a su Monasterio si se aburren de su vida solitaria. Convertirse en monje hesicasta significa dejar el Monasterio de por vida, excepto breves visitas que eventualmente pueda realizar a su Monasterio.
La clasificación de monjes de acuerdo a sus lugares de residencia es totalmente independiente de los tres grados ascéticos en que se dividen los monjes bizantinos, puesto que cada uno de estos seis tipos de vida está abierta a cualquier monje de cualquiera de los tres grados, por ejemplo: un monje del grado más bajo puede convertirse en hesicasta, y llevar una vida muy austera en soledad.
Junto a estos monjes de excelente reputación, existen otros en el Monte Athos cuya reputación dista de ser ejemplar y edificante, éstos son los denominados “Kaviotas”, los cuales son representantes bizantinos de los “girovagos” latinos, o “monjes vagabundos” mencionados ya en los primeros tiempos del monacato, quienes, como decía San Benito: “van dónde pueden y hacen lo que quieren”. Los Kaviotas llevan puesto un Rason y un Skoufos (o kamelokion), pero sin embargo ellos no pertenecen a ningún Monasterio, Skita, o alguna otra institución monástica, ya sea porque fueron expulsados de algún monasterio u otra institución, o por otra razón de irregularidad de vida. Ellos viven donde les place, y los otros monjes los consideran como vagantes. Las Regulaciones Generales del Monte Athos estipulan su destierro de la Península.

¿Qué es el Monte Athos?‏

¿Qué es el Monte Athos?



Monte Athos es el nombre que recibe el área montañosa que conforma la península más oriental de las tres que se extienden hacia el Sur desde la península Calcídica, situada en Macedonia Central, al norte de Grecia. En griego se la llama Άγιον Όρος (Ágion Óros, montaña sagrada). En épocas clásicas, la península fue llamada Ακτή (actí).

Es el hogar de 20 monasterios ortodoxos (griegos, rumanos, ruso, búlgaro, serbio y georgiano) que conforman un territorio autónomo bajo soberanía griega (Estado Monástico Autónomo de la Montaña Sagrada). Esta consideración le permite estar exento de ciertas leyes, tanto griegas como provenientes de la Unión Europea, dando autoridad al territorio de prohibir la entrada a todas las mujeres. Asimismo, tampoco está obligado a seguir el Acuerdo de Schengen. En el Monte Athos sólo pueden vivir monjes de sexo masculino y la población actual (2005) ronda los 2.200 habitantes.

La comunidad monástica del Monte Athos se fundó en 963 con la ayuda del emperador Basilio II bajo la Regla de San Basilio cuando San Atanasio de Athos estableció el monasterio de Gran Laura que sigue siendo hoy en día el mayor de todos los del estado, y se convirtió en el más grande y célebre de todos los monasterios de Oriente, es en realidad una provincia monástica.

La zona gozó de la protección del Imperio bizantino durante los siglos siguientes. La Cuarta Cruzada en el siglo XIII y la llegada de católicos romanos a la zona forzó a los monjes a pedir la protección del Papa Inocencio III hasta la restauración del Imperio Bizantino. Monte Athos sufrió el saqueo de los mercenarios catalanes en el siglo XIV.

Monasterio de Simonos Petra.El Imperio Bizantino desapareció en el siglo XV y fue sustituido por el nuevo Imperio otomano, de carácter islámico. A los monasterios se les impusieron impuestos elevados. La población de monjes disminuyó en los siglos siguientes y no empezó a recuperarse hasta el siglo XIX con las donaciones y los monjes procedentes de nuevos territorios ortodoxos como Rusia, Bulgaria, Rumania o Serbia.

Modernidad

En 1912, durante la primera guerra de los Balcanes, los otomanos fueron expulsados de la península, que pasó a estar bajo soberanía griega a partir del final de la Primera Guerra Mundial.

Actualmente, los monasterios de Monte Athos se han visto afectados por incendios forestales como los ocurridos en agosto de 1990 y en mayo de 2004 que destruyó una parte del monasterio de Helandari. Dada la localización de muchos de estos monasterios, a veces en la cima de pequeñas colinas, hacen que estos incendios provoquen daños considerables.

El valor de los santos Iconos en la Santa Iglesia Ortodoxa..

El valor de los santos Iconos en la Santa Iglesia Ortodoxa...



La Iglesia Ortodoxa tiene un tesoro muy importante, las obras de los Santos Padres en el ámbito del arte eclesiástico. La veneración de los santos iconos en la Iglesia Ortodoxa, tiene una correspondencia total con las Sagradas Escrituras. Es un objeto que entra orgánicamente en la vida de los oficios divinos. El significado que la Iglesia da al icono canónico, es decir, aqu ella imagen específica que ella misma ha elaborado en el transcurso de su historia en la lucha contra el paganismo y las herejías; aquella imagen por la cual, en el período iconoclasta, pagó con la sangre de sus mártires y confesores de la fe. Icono es una palabra griega que significa "imagen, representación". En el icono la Iglesia ve un aspecto de la enseñanza cristiana de la fe y la expresión del Cristianismo en su totalidad, la Ortodoxia. Por ello, es imposible comprender o explicar el arte eclesiástico fuera de la Iglesia. El icono, como imagen sagrada, es una de las manifestaciones de la Tradición de la Iglesia. La veneración de los iconos del Salvador, la Madre de Dios, los ángeles y los santos es un dogma de la fe cristiana formulado por el VII Concilio Ecuménico - un dogma que emana de la confesión fundamental de la Iglesia: la encarnación del Hijo de Dios.

Al defender los iconos, la Iglesia Ortodoxa defendía el fundamento de la fe cristiana: el dogma de la encarnación , ya que el icono del Salvador es al mismo tiempo, testimonio de Su encarnación y nuestra confesión de Jesucristo como Dios. "Yo vi la imagen humana de Dios y fue salva mi alma," dice San Juan Damasceno.De este modo, el arte litúrgico es, no sólo nuestra ofrenda a Dios, sino también el descenso de Dios; el arte en el cual se produce el encuentro de Dios con el hombre, de la gracia con la naturaleza, de la eternidad con lo temporal. La tradición es la revelación que sigue viviendo. Es la vida de la Iglesia en el Espíritu Santo. La experiencia de aquel que la recibió, crece con la experiencia de todos los que la recibieron después que él. Esta conjugación de unidad de la verdad y de la revelación con la experiencia personal de su recibimiento es uno de los aspectos fundamentales de la Ortodoxia: su característica de ser Conciliar.

El significado de la "Canonicidad" de los Iconos

La tradición en el arte eclesiástico, al igual que en la misma Iglesia, está compuesta de dos realidades: el hecho histórico y la revelación atemporal, indisolublemente unidos entre sí en forma orgánica. Por un lado, la representación de la festividad o del santo nos da un contexto histórico certero y nos transporta a su modelo. Por otro lado, no es una simple representación de un hecho histórico o de una persona entre otras. El icono nos da este hecho o la imagen del santo fuera del tiempo, mostrándonos su significado dogmático y estético, su lugar en el plan general de la Economía Divina. La iconografía de la festividad nos muestra su contenido dogmático, su lugar en la cadena de hechos salvadores de la historia sagrada. A través del icono del santo conocemos su lugar y su significación en la Iglesia, al igual que el carácter de su servicio a Dios: es decir, como apóstol, santo imitador de Cristo o mártir. Finalmente, en los iconos del Salvador y la Madre de Dios está expresada toda la plenitud de la Economía Divina. De este modo, cada icono es una parte del todo, de la Iglesia, no sólo en el sentido interno y espiritual, sino también exterior. La construcción arquitectónica del icono, tanto interna como externa, compone una unidad con la arquitectura del templo. Cada icono es para nosotros, tanto en un sentido como en el otro, el mundo llevado a un estado de armonía y de orden superior.

San Juan Damasceno decía: "No me inclino ante la creación en lugar del Creador, sino me inclino ante el Creador que se hizo creado como yo, y sin humillar Su dignidad o sufrir ninguna división, descendió a la forma de una criatura para glorificar mi naturaleza y hacerla partícipe de la naturaleza Divina. Junto con el Rey y Dios, me inclino ante la púrpura del Cuerpo, no como vestidura y no como a una cuarta Persona, no, sino como convertido en partícipe de esa misma Divinidad. Del mismo modo que el Verbo, sin sufrir cambio alguno, se hizo Carne, del mismo modo, la Carne se hizo Verbo sin perder aquello que ella es, mejor dicho, siendo una con el Verbo en la Persona. Por ello, con atrevimiento represento a Dios invisible no como tal, sino habiéndose hecho visible por nuestra causa a través de la participación en la Carne y en la Sangre. No represento la Divinidad invisible, sino por intermedio de la imagen expreso la Carne de Dios que fue visible."

Lo Divino, lo invisible, lo incorpóreo no se representa por sí mismo, sino por la fuerza de la encarnación del Logos, segunda Persona de la Santísima Trinidad. Una representación tal, no se parece a la persona u objeto representado al modo de un espejo o de forma naturalista. Su objetivo es hacer evidentes las cosas secretas y mostrarlas. El principio de la iconografía, la relación de la imagen con el tipo soberano penetra en todo el universo. Por su naturaleza, es el reflejo de las relaciones, trascendentes para este mundo, entre Dios Padre y Dios Hijo. En este caso, la imagen es semejante en todo al Arquetipo. El icono está ligado a éste, no por naturaleza, sino por energía. La energía de Dios, al penetrar la imagen, la santifica y, al manifestarse a través de ella, eleva al hombre hacia Dios. Por ello, el que venera un icono, no venera la materia de la cual está hecho, sino venera al mismo personaje por intermedio de la unión en oración con El.

El icono refleja la santidad, el mundo transfigurado, el mundo superior; por el cual las imágenes de los iconos tienen una esencia significativa y representativa: el mundo transfigurado. Esto está fijado en el Canon. La canonicidad de un icono, no está tanto en el sujeto, como en el principio de la representación del cuerpo transfigurado por medio de signos acordados. La teología cristiana diferencia la incognoscible Esencia de Dios y Sus manifestaciones creadoras, es decir, la energía, dándoles Nombres Divinos. Uno de estos Nombres es la 'belleza.' Ella es de esencia superior y está por encima de lo mundano, es decir, es trascendente a todo lo sensible. De allí que el arte de la Iglesia tenga por principio el antinaturalismo. La belleza es una idea central de la estética cristiana. La belleza, como Nombre Divino, es de naturaleza luminosa. Dios es luz y no hay en El ninguna oscuridad. Cristo es la Luz Verdadera que ilumina a todo hombre que viene al mundo.

Los testimonios de las Sagradas Escrituras están afirmados por la experiencia de muchos siglos de santos cristianos que se esforzaron espiritualmente, que contemplaron la Luz no creada de Dios. El icono canónico transmite esta belleza, la belleza llena de la Luz Divina del mundo transfigurado. El icono es el conocimiento concreto y experimentado de la santificación espiritual y la transfiguración del cuerpo del hombre. A la par de la palabra, pero en imágenes visibles y por medio de líneas y pinturas, el icono nos manifiesta la revelación de los dogmas de Dios y, al mostrar al hombre en estado de oración de gracia, nos presenta el misterio de su divinización. En otras palabras, en el icono con medios materiales, se representa la acción transfiguradora de la gracia. Todo el cuerpo participa aquí de la oración, todo el ser se dirige hacia Dios. Ocurre la renovación de nuestra naturaleza, la transfiguración de los sentimientos; ellos, al igual que todo el cuerpo, se hacen distintos. Ese momento, ese estado es la representación del santo en el icono. De allí las formas poco usuales, distintas, no naturalistas que con frecuencia nos son incomprensibles. El icono no es una fantasía, no es una invención, sino el conocimiento concreto y experimentado, como si fuera el hombre representado en el estado de gracia de la transfiguración. Ello es algo así como una copia de lo natural, con la ayuda de símbolos. De ahí la extraordinaria grandeza, simplicidad, tranquilidad y gracia del movimiento en el icono. Por ello su ritmo lineal y colorido, sujeto a una armonía superior. Esto es el reino del Espíritu, el dominio de la plenitud de la vida superior, expresada por intermedio de líneas y colores. Sólo las personas que vivieron este estado pudieron crear tales imágenes. Por ello el icono canónico inspira en nosotros el estado de oración y lo concentra. El icono es el camino y el medio, es la oración misma

La caída de la Iconografía como consecuencia de la caída de la Espiritualidad

De este modo, el icono expresa la contemplación y el estado en el cual el hombre vive una misma vida con la imagen que le es visible. Sólo una imagen así puede ser contundente en su realidad. Por eso cualquier recuerdo en el icono de la realidad carnal, de la naturaleza caída del hombre, de la sensación de la corrupta carne del hombre y del espacio físico, contradice la esencia del icono, el dogma de la Transfiguración, ya que el cuerpo y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios y lo corrupto no hereda la incorrupción. La introducción en la Iglesia del arte mundano llevó a que comencemos a acercarnos la esencia superior hasta lo humano. Tal relación con el arte litúrgico fue el resultado de la profunda caída espiritual. Durante los últimos siglos vemos la lucha, no contra el icono como en el período iconoclasta, sino la corrupción desde adentro; no la herejía abierta, sino la caída espiritual cuyo resultado es la incomprensión, la deformación y la sustitución de la auténtica imagen litúrgica por la imagen falsa, nunca sancionada por la Iglesia. Esto se refiere, no tanto al dogma de la Encarnación de Dios: "Dios se hizo hombre," como a la divinización del hombre a través de la Encarnación de Dios, es decir, el dogma de la Transfiguración: "Para que el hombre se haga Dios."

El reino del espíritu contenido en el icono, esa atmósfera "de gran tranquilidad" (San Mateo 8:26) y "de la paz de Dios, que supera cualquier mente" (Filipenses 4:7), no se puede representar externamente, simplemente copiando un icono antiguo. La tarea del que escribe iconos es recrear en ellos el mundo superior transfigurado. Ello impone sobre el iconógrafo ciertas obligaciones. Por ello en la antigua Rusia los santos no sólo "tenían un gran cuidado y preocupación para que los iconógrafos hábiles y sus discípulos copiaran modelos antiguos," sino que prestaban especial atención a las cualidades morales del iconógrafo y su buena conducta:

"Corresponde al iconógrafo ser humilde, manso, piadoso, que no hable en vano, que no ría en exceso, que no pelee, que no sea envidioso, bebedor, ladrón, asesino; que guarde más que nada la pureza espiritual y corporal con todo celo... Corresponde al iconógrafo acudir al padre espiritual con frecuencia, pedirle consejo en todo y según sus enseñanzas vivir en ayuno, oración y abstinencia con sabiduría humilde... Si alguno de los iconógrafos o de sus discípulos comienza a vivir sin cumplir las reglas: en ebriedad, impureza y cualquier desobediencia, corresponde ponerlos en prohibición, separarlos del trabajo.

Contemplemos a los Iconos observando lo que los Iconos simbolizan. Compartamos la alegría de expandir los Iconos que son la imagen inmediata de una luz proyectada; que son un tejido cuyos hilos se juntan, se entrecruzan, se ocultan y se sostienen mutuamente, entre Aquel que los inspira, los representados y los que los contemplan.

No olvidemos las palabras de San Basilio: "Levantaos vosotros pintores, que a través de vuestro arte exaltado hacéis Iconos. Mi alabanza para el campeón coronado es pobre, comparada con la sabiduría que inspiran vuestros pinceles con sus radiantes colores. Yo me detengo al escribir sobre el valor de los Santos y los Mártires, de ahora en adelante, porque vosotros los habéis coronado y hoy me alegro de la victoria ganada por vuestro poder. A medida que miro los detalles de las figuras de vuestros Iconos, su victoria es más brillante para mí. Que los demonios rabien, porque han sido destruidos por las bondades de los Santos y los Mártires que vosotros habéis descrito. Haced que sus manos quemadas en las llamas de lo viejo, sean reveladas nuevamente como victoriosas. Que esto que yo he dicho quede incluido en esos "Iconos" y unidos con el Cristo, Juez de todo el contexto. A Él la gloria por los siglos de los siglos. Amén."

Abramos los ojos para ver; los oídos para oír y el corazón para sentir. "Para dirigir nuestros pensamientos hacia la contemplación de cosas elevadas se hace necesario un medio familiar cotidiano para dar una forma visible a lo que no tiene forma; para hacer visible lo que no se puede describir; para que podamos construir analogías comprensibles" (S. Dionisio,"Sobre las Jerarquías Celestiales")

San Serafin de Sarov...

San Serafin de Sarov...



San Serafín de Sarov está considerado en la Santa Iglesia Ortodoxa como el San Francisco de Asís ortodoxo del siglo XIX. Nos hallamos ante un maestro espiritual que, a través de la tradición oriental y la Ortodoxia, habla con calor a todos los cristianos y es patrimonio de todos pues ha querido irrigar su vida con la luz divina y con la tradición más auténtica. Formado en una comunidad rigurosa, fue sucesivamente anacoreta, estilita, recluso y reformador del monacato femenino. Vivió largos años de ascesis y de silencio asimilando la nota más peculiar de la espiritualidad rusa: la herencia del hesicasmo, es decir, la transfiguración de toda criatura en virtud del sacrificio voluntario del amor y de la compasión.

Al igual que Francisco, Prócoro (nombre que recibió en el bautismo) Mochnine , era hijo de un comerciante. Nació en Kursk. Tenía siete años cuando por primera vez lo "sobrenatural" se introdujo en aquella tranquila existencia de provincias. Durante una visita, en compañía de su madre, a una iglesia en construcción, se cayó desde lo alto del andamio que rodeaba el campanario... y se levantó sin ningún rasguño.

Un "loco de Cristo" que tenía fama de conocer el futuro - le dijo a la animosa Ágata, su madre, un día que iba por la calle con sus dos hijos, ¡dichosa tú, por tener un hijo que será un poderoso intercesor ante la Santa Trinidad, un hombre de oración para el mundo entero!.

Ágata se quedó extrañada cuando un día le pidió su bendición para irse con otros cinco muchachos, hijos de comerciantes, en peregrinación a Kiev, al Monasterio de las Grutas, para meditar sobre su porvenir y conocer cual era la voluntad de Dios sobre ellos. Ese Monasterio era cuna de la cultura cristiana de todo el país y fue fundado por un monje del Monte Athos. Kiev era una ciudad santa "la madre de las ciudades rusas" en donde el Príncipe Vladimiro en 989 hizo que se bautizara su pueblo en el río Dniéper.

La respuesta que buscaba Prócoro se la dio el anciano Padre Dositeo que aprobó sus deseos de hacerse religioso y le orientó hacia un monasterio del que ya había oído hablar el joven: el "desierto de Sarov". Allí ingresó el día 21 de Noviembre de 1778, fiesta de la Presentación en el Templo, aquel joven de 19 años.

Ocho años después de su ingreso en el Desierto de Sarov, Prócoro fue considerado digno de llevar el hábito monástico. Sin pedir su opinión, le pusieron el nombre de Serafín que en hebreo quiere decir "radiante de esplendor".

Poco después seria ordenado Diácono y al día siguiente Presbítero, pero antes tenía que pagar una deuda de gratitud. Fue a su ciudad natal para despedirse y abrazar por última vez a su madre y predijo a su hermano Alexis, que moriría poco después que él, tal como efectivamente sucedió. Fue también un 20 de Noviembre, de 1794, exactamente dieciséis años después de su entrada en el convento cuando salió para vivir su vida eremítica, tenía 35 años.

El padre Serafín experimentó esta vida y diría más adelante: "Los que viven en los monasterios, luchan con los enemigos del género humano como contra palomas; los anacoretas, como contra los leones y los leopardos".El bosque que sirvió de "desierto" al padre Serafín era inmenso y sombrío. Una modesta choza, situada en la orilla escarpada del río, a unos seis kilómetros del monasterio, le servía de ermita.

A un lado un icono, una olla en otro, un taburete de madera para sentarse; eso era todo. Aquel espacio fue bautizado con el nombre de "Monte Athos". Un ermitaño, para evitar el aburrimiento, necesita organizar el tiempo lo más estrictamente posible. La jornada del padre Serafín comenzaba a media noche. Seguía la regla de San Pacomio el Grande , en vigor entre los padres del desierto. Para empezar recitaba el oficio de maitines y de laudes. A las nueve tercia, sexta y nona. Finalmente, después del mediodía, cantaba vísperas y completas. Al caer la noche rezaba las oraciones para antes del sueño, acompañadas de numerosas postraciones como suelen hacerlo los monjes orientales. Entretanto, hiciera lo que hiciese, la oración del corazón ponía ritmo ininterrumpidamente a sus actividades. El padre Serafín cultivaba un huerto. "La oración y el ayuno, la soledad y la abstinencia forman la cuadriga que conduce al alma al reino de Dios", decía el habitante del pequeño desierto lejano.

A media noche, los osos, los lobos, las liebres y los zorros, así como los lagartos y reptiles de toda clase, rodeaban la ermita. Terminada sus oraciones, el asceta abandonaba su celda y se ponía a darles de comer. Un oso grande, en particular, gozaba de la intimidad del santo varón. (En memoria de San Serafín se prohibió hasta la revolución soviética la caza del oso en el bosque de Sarov). El padre Serafín concedía una gran importancia al ayuno. Con el tiempo decidió prescindir del pan. Luego dejó de cultivar sus legumbres. Serafín de Sarov dormía sobre una piedra, con un tronco por almohada, o bien sentado en tierra apoyado en la pared, con la cabeza entre las rodillas. Comía, una vez al día, un poco de berza y una pizca de avena seca.

El padre Serafín discernía los espíritus, adivinaba el porvenir, mantenía relaciones telepáticas con ermitaños que vivían a millares de kilómetros de distancia, respondía a las cartas sin abrirlas nunca. Tenía el don de levitación y de bilocación y se le concedió la gracia de hacer milagros y de curar a los enfermos. "Nadie es profeta en su tierra", dice la Biblia. Cuánto más gente recibía el padre Serafín y cuántos más milagros hacía, mayor era el recelo y la animosidad con que lo miraban los monjes del desierto de Sarov. El padre Abad desaprobaba a aquel viejo inconformista, cuya presencia alborotaba la marcha normal de la vida monástica. Se sentía envejecer y le fatigaba la gente que cada vez más numerosa acudía a verle al Desierto y le perseguía por el bosque.Un año y nueve meses antes de morir, Serafín tuvo la dicha de recibir la visión, por última vez, de la Theotokos. Fue el 25 de marzo de 1831, día de la Anunciación, al amanecer...

jueves, 5 de diciembre de 2013

¿Cómo llevar una vida santa y piadosa?‏


Acostúmbrate a levantarte temprano y en un horario especifico. Apenas te despiertes, eleva tus pensamientos a Dios, persígnate y agradécele el paso de la noche y sus misericordias hacia ti. Pídele que Él dirija tus pensamientos, deseos y sentidos, para que todo lo que digas y hagas sea de su agrado.Mientras te vistas recuerda que estás ante la presencia de Dios y del Angel Guardián. Pídele a nuestro Señor Jesucristo que te vista con el ropaje de la salvación. Después de higienizarte reza por la mañana arrodillándote, concentrándote y humildemente, como corresponde ante la mirada del Todopoderoso. Pídele tener fe, esperanza y amor y además fuerza para recibir serenamente, lo que te traerá el nuevo día con sus complicaciones. Pídele que bendiga tus sacrificios y que te ayude a realizar tu tarea, eludiendo el pecado.Si puedes lee algo de la Biblia, especialmente del Nuevo Testamento o los Salmos. Lee con el deseo de recibir la iluminación espiritual inclinando tu corazón hacia la humildad. Lee un poco, después medita, luego sigue leyendo, atendiendo a lo que Dios le inculca a tu corazón. Esfuérzate aunque sea un cuarto de hora para meditar sobre las verdades de la fe y sobre lo que has leído de provechoso para tu alma. Siempre agradece a Dios el no haber perecido en los pecados, y que El se preocupa por ti y siempre te lleva hacia el Reino de los cielos. Predisponete cada mañana de tal manera como si recién te hubieses decidido a ser Cristiano y vivir según los mandamientos de Dios. Comenzando tus tareas procura realizar todo para Gloria de Dios. No inicies ningún trabajo sin oración, porque lo que realizamos sin oración termina siendo innecesario o perjudicial. Son ciertas las palabras de Dios: "Sin Mi no puedes hacer nada. "Trata de parecerte al Salvador quien se esforzó, ayudando a José‚ y a su purísima Madre. Todos tus esfuerzos hazlos con bondad en el alma esperanzado la ayuda de Dios. Es bueno repetir constantemente la oración: "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mi pecador. "Si tus esfuerzos se realizan con éxito, agradécele a Dios, y si no son satisfactorios, entrégate a la voluntad de Dios, pues el piensa en nosotros y encamina todo hacia lo mejor. Todo lo difícil tómalo, para el perdón de los pecados con espíritu de obediencia y mansedumbre. Reza antes de comer, para que Dios bendiga la comida y la bebida y después de comer agradécele y ruega no perder los bienes espirituales. Es bueno levantarse de la mesa sin haberse saciado totalmente. Los miércoles y viernes ayuna siguiendo el ejemplo de los primero cristianos.No seas avaro teniendo comida y ropa, se feliz con eso pareciéndote a Jesucristo que se humilló por nosotros. Trata de ser agradable a Dios en todo, para que tu conciencia no te haga padecer remordimientos. Minuciosamente controla tus pensamientos, sentimientos y los movimientos de tu corazón recordando que Dios te observa en todo lugar. Elude hasta los pecados menores, para no caer en los mas grandes. Cualquier pensamiento especialmente el impuro, que te aleja de Dios inmediatamente expúlsalo de tu corazón, como a una chispa de fuego que cae sobre tu vestimenta. Si no quieres que los malos pensamientos te acosen, recibe con tranquilidad la humillación de la gente. No hables en exceso, recordando que por cada palabra daremos explicaciones a Dios. Mejor es escuchar que hablar, ya que con las palabras es fácil caer en el pecado. No seas curioso en las novedades pues, ellas distraen el espíritu. No juzgues a nadie y piensa que tú eres el peor. Quien juzga a alguien se carga con sus pecados. Mejor reza por el pecador para que Dios por sus sendas lo enderece. Si alguien no te hace caso contigo, no entres en discusión con el, pero si su actitud perjudica a otros, entonces toma las medidas necesarias, porque el bien común es mas importante que el bien personal.Nunca discutas ni te justifiques, se humilde, silencioso y pacífico, toma todo con paciencia como nuestro Señor Jesucristo. El no te asignará una cruz superior a tus fuerzas y te ayudará a llevarla. Pídele a Dios la gracia de realizar sus santísimos mandamientos lo mejor posible, a pesar de que te parezcan difíciles. Habiendo realizado algo bueno no esperes recompensa si no tentaciones, porque es durante las tentaciones cuando se pone a prueba el amor a Dios. No pienses en lograr una virtud sin sufrir pena. En las tentaciones no te desalientes y dirigiéndote a Dios reza con oraciones breves "Señor, ayúdame...ilumíneme...no me dejes...ampárame" El Señor permite las tentaciones y al mismo tiempo da fuerzas para vencerlas. Pídele a Dios que elimine de ti todo lo que alimenta el amor propio, aunque para ti sea amargo. Evita ser frío, dubitativo, suspicaz, falso, competidor, abatido... Debes que ser franco y sencillo en el trato con el prójimo. Con humildad recibe las ordenes de otros a pesar de que tu seas mas inteligente y tengas mayor experiencia. Lo que no deseas para ti, no se lo hagas a otro, y haz a otros lo que quieres para ti. Se amable con quien te visita, se humilde y juicioso, y cuando las circunstancias lo requieran, se ciego y sordo. En los momentos de debilidad no te olvides de rezar y hacer buenas obras. Todo lo que hagas en nombre de Jesucristo, por mas pequeño que sea, se transforma en bondadoso. Si quieres tener paz, entrégate a Dios. No tendrás paz espiritual hasta que no te tranquilices en Dios y queriéndolo a el únicamente. De tanto en tanto retírate en soledad como hacia Jesucristo - para concentrarte en la oración y elevar los pensamientos hacia Dios. Medita sobre el amor infinito de Jesucristo, de sus sufrimientos y muerte, de su resurrección, de su segunda venida y del Juicio Final...Asiste a la Iglesia frecuentemente. Confiésate y comulga, con los santísimos misterios. Así estarás con Dios lo cual es un bien grandísimo. En la confesión arrepiéntete sinceramente de todos tus pecados pues el pecado que no se confiesa conduce a la muerte. Los domingos conságralos a la caridad y a la misericordia: visita a un enfermo, consuela al que sufre. Quien ayuda a otra persona a volver a Dios recibirá una gran recompensa en este y en el siglo venidero. Aconseja a tus amigos, que lean literatura religiosa y que participen en reuniones sobre temas espirituales. Que el Señor Jesucristo sea tu maestro en todo. Constantemente dirige tus pensamientos a Dios y pregúntale cómo hubiera procedido él. Antes de dormir reza sincera y fervientemente y medita sobre los pecados cometidos durante ese día. Debes arrepentirte con dolor en el corazón y lágrimas en los ojos para no repetir los mismos pecados. Cuando te acuestas, persígnate, besa la cruz y encomiéndate a Dios, tu Buen Pastor, pensando que tal vez esa noche deberás presentarte ante Él. Acuérdate del amor de Dios hacia ti y ámalo con todo tu corazón, alma y pensamiento.Si te comportas como lo indican estas reglas piadosas, alcanzaras la vida bienaventurada en el reino de la luz eterna .
Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo este contigo. Amen.